La felicidad es un estado del alma, que se caracteriza por tener paz, satisfacción y gozo con la vida misma y se alcanza cuando el alma está en comunión permanente con el espíritu.
Nuestra sociedad occidental creó la triste historia de la felicidad alcanzada en el consumo, mala cosa, que terminó por consumir lo que pretendía crear. En los Estados Unidos, donde se generaron estos conceptos, se ha creado un claro fenómeno de disminución de la felicidad nacional en las últimas décadas, acompañándose de un aumento en la prevalencia de las enfermedades mentales como depresión y ansiedad, cada vez a edades más tempranas; el americano promedio es un comprador compulsivo, y pretende hallar alegría en comprar ropa, zapatos, dulces, carros etc... Pero nunca la encuentra; por el contrario esa sensación de vacío y vaguedad sigue en aumento hasta convertirse en una grave enfermedad mental o física como el cáncer. La felicidad no está en comprar cosas, obtener títulos académicos, ganar premios o ser nombrado presidente de una importante compañía, es más, Evelio Aponte dice “entre más lujoso el carro de una persona, peor la cara que mantiene y más grande el tamaño de su úlcera” y esto, no está lejos de la realidad.
Algunas otras personas buscan la felicidad en la familia, es común escuchar madres diciendo “ mis hijos son mi felicidad” , o exclamaciones como: “ cuando me casé fue el día más feliz de mi vida”;al respecto los estudios científicos han mostrado algunas características de las personas más felices, como que están casados, tienen hijos, un trabajo gratificante, un grupo de amigos con el que se comparten actividades recreativas, una familia ampliada muy unida y necesidades básicas satisfechas; también es cierto que personas con todo lo anterior y mucho más, no son felices. La felicidad no está en la familia, los hijos, el trabajo, los amigos, ni nada que se le parezca, una cosa es que las personas felices generalmente terminan teniendo todas esas cosas y otra bien distinta es que esas cosas te den la felicidad.
La felicidad es un estado del alma, los niños nacen felices, conectados con el universo, con todos los seres de la creación, vienen livianos y libres, luego el mundo se encarga de esconder la felicidad muy dentro de ellos, donde no puedan hallarla nuevamente; y de adultos pretendemos encontrarla afuera en cosas materiales o emocionales, si bien son menos terribles estas últimas, tampoco son el camino, Rubén Darío Correa dice que para sanar hay que tener alma de niño, yo le agrego para ser feliz hay que tener alma de niño porque está unida al espíritu y este al universo; Jesús lo dijo de manera más hermosa “para entrar al reino de los cielos (entiéndase: ser felices) tienen que hacerse como uno de estos pequeños y volver a nacer”.
Nuestra sociedad occidental creó la triste historia de la felicidad alcanzada en el consumo, mala cosa, que terminó por consumir lo que pretendía crear. En los Estados Unidos, donde se generaron estos conceptos, se ha creado un claro fenómeno de disminución de la felicidad nacional en las últimas décadas, acompañándose de un aumento en la prevalencia de las enfermedades mentales como depresión y ansiedad, cada vez a edades más tempranas; el americano promedio es un comprador compulsivo, y pretende hallar alegría en comprar ropa, zapatos, dulces, carros etc... Pero nunca la encuentra; por el contrario esa sensación de vacío y vaguedad sigue en aumento hasta convertirse en una grave enfermedad mental o física como el cáncer. La felicidad no está en comprar cosas, obtener títulos académicos, ganar premios o ser nombrado presidente de una importante compañía, es más, Evelio Aponte dice “entre más lujoso el carro de una persona, peor la cara que mantiene y más grande el tamaño de su úlcera” y esto, no está lejos de la realidad.
Algunas otras personas buscan la felicidad en la familia, es común escuchar madres diciendo “ mis hijos son mi felicidad” , o exclamaciones como: “ cuando me casé fue el día más feliz de mi vida”;al respecto los estudios científicos han mostrado algunas características de las personas más felices, como que están casados, tienen hijos, un trabajo gratificante, un grupo de amigos con el que se comparten actividades recreativas, una familia ampliada muy unida y necesidades básicas satisfechas; también es cierto que personas con todo lo anterior y mucho más, no son felices. La felicidad no está en la familia, los hijos, el trabajo, los amigos, ni nada que se le parezca, una cosa es que las personas felices generalmente terminan teniendo todas esas cosas y otra bien distinta es que esas cosas te den la felicidad.
La felicidad es un estado del alma, los niños nacen felices, conectados con el universo, con todos los seres de la creación, vienen livianos y libres, luego el mundo se encarga de esconder la felicidad muy dentro de ellos, donde no puedan hallarla nuevamente; y de adultos pretendemos encontrarla afuera en cosas materiales o emocionales, si bien son menos terribles estas últimas, tampoco son el camino, Rubén Darío Correa dice que para sanar hay que tener alma de niño, yo le agrego para ser feliz hay que tener alma de niño porque está unida al espíritu y este al universo; Jesús lo dijo de manera más hermosa “para entrar al reino de los cielos (entiéndase: ser felices) tienen que hacerse como uno de estos pequeños y volver a nacer”.
.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada